Como no filtramos ni clarificamos nuestros vinos, la única técnica que utilizamos para «limpiarlos» es la de los trasiegos. Movemos el vino de un depósito a otro dejando en la base los fangos, levaduras muertas, impurezas… hasta conseguir la claridad y nitidez deseada.

Aún después de todos los trasiegos siempre siguen precipitando sustancias, por lo que es normal que nuestros vinos tengan posos: es la garantía de que el vino no ha sido filtrado ni clarificado.